Cronofobia a final de año
Bienestario by Javier Cantera
Las fechas siempre nos marcan y nos ponen encima las reflexiones. Y el final de año y el principio del siguiente es una gran fecha para recordar el miedo a que pase el tiempo. La cronofobia es un trastorno habitual y que todos tenemos y solo es cuestión de dosis en cada uno. Muchos lo acusan en fechas paradigmáticas, como cuando se acaba el año, en cambio, otros a diario están preocupados en qué y cómo utilizan su tiempo.
Todos sabemos que el tiempo es nuestro único bien y como dice CABALLERO BONALD “Somos el tiempo que nos queda”, por tanto, debemos gestionarlo.
Gestionar el tiempo implica priorizar, desechar, planificar, focalizar y cambiar. Estos cinco verbos son los que yo utilizo para combatir mi cronofobia. No se trata solo de planificar objetivos para el año nuevo sino de hacer un análisis que nos permita modular nuestro tiempo. Lo fácil es la lista de objetivos inabarcables, más propio de un listado fruto del querer más que del poder. Por esta razón, yo suelo hacer tres análisis con tres premisas: Humildad, Honestidad e (H) Innovación. Humilde a la hora de planificar, honesto a la hora de desechar y fundamentalmente innovar para saber priorizar, focalizar y cambiar la distribución de los tiempos.
Todos sabemos que la gestión del tiempo se basa en la priorización. Priorizar es generar tiempos de dedicación y cambiar su orden según el momento histórico. Lo que en un año nos fue positivo en otro no lo es. Saber priorizar es el primer elemento de un análisis equilibrado del uso del tiempo futuro. Sin priorizar no se puede gestionar. Lo primero para saber utilizar tu tiempo es gestionarlo como una inversión y hay que saber donde invertirlo. En mi labor de coach con gente con estrés es importante identificar sus criterios de priorización del tiempo diario. Enseñarles a hacer el balance entre lo urgente y lo importante, y saber enseñarles a cambiar su prioridad nos da un enorme valor para contrarrestar su estrés.
Lo primero es priorizar y la pregunta poderosa sería ¿cuáles serían los tres objetivos para el año próximo?
Tras priorizar lo importante es trabajar en los objetivos que hay que desechar. No se trata de planificar desde la priorización sin pasar por un análisis critico de tus errores. Tus errores de tiempo hay que identificarlo desde la honestidad de aceptar tus fallos. Desechar objetivos eternos incumplidos años tras años, y también saber ser crítico con tus capacidades para cumplir algunos. Dejar irse algunos objetivos es tan útil para dejar espacios a otros y poner foco y nuclear tus esfuerzos en los priorizados. El ejercicio de eliminar objetivos fruto de un análisis sincero de los errores cometidos el año anterior es, ante todo, higiénico. No se trata de procrastinar al año siguiente aquellas listas de objetivos pretéritos pero muy queridos por las personas. Desechar tras priorizar nos da la pregunta ¿Cuáles son los objetivos del años anterior que no hemos cumplido porque no hemos podido? Y no vale la trampa mental de que “No he tenido tiempo”, porque el tiempo es subjetivo según el interés y las capacidades de cada persona.
Y es tras priorizar y desechar cuando se empieza a planificar el tiempo. Planificar sabiendo lo que tengo que hacer seguro y lo que tengo que dejar de hacer. Planificar es un ejercicio basado en la humildad. Saber programar objetivos de tiempo adecuados a la situación y a las capacidades con realismo y humildad es el gran aliado de un buen análisis del tiempo. Planificar teniendo en cuenta tu nivel de conciliación es muy interesante para prevenir “gaps” temporales de exigencias. El planificar con “holgura” de tiempos es fundamental para evitar encadenamientos de tiempos imprevistos. Planificar con tiempo para tener tiempo es básico y con esta visión conllevamos los imprevistos como lógicos y a los que necesariamente nos tenemos que adaptar. Tener planificación no implica encerrarse en detalles y hay que dejar siempre un hueco al cambio a lo largo del año. Todos sobrevaloramos nuestras capacidades e infravaloramos los percances de tiempo que nos rodean, pero a veces la realidad es tozuda. Sino como explicamos nuestra planificación de tiempo cuando sucede un percance como catástrofes, epidemias, problemas de salud, etc. Planificar es necesario para gestionar el tiempo, sin obsesionarnos si el entorno nos evita hacerlo. Priorizar, Desechar y Planificar es el trayecto en los ejercicios que hacemos al final de año, aunque lo habitual es que solo haya una lista planificada de objetivos para el año siguiente.
Y la pregunta que nos hacemos ¿hemos planificado los objetivos en función de nuestra prioridad y nuestros errores de tiempos anteriores?
Tras este proceso es importante otras dos características. Saber focalizar y saber cambiar. Todo objetivo empieza por saber desarrollarlo en intensidad. Dentro de los objetivos planificados, fruto de la priorización, debemos darle desarrollo al profundizar en su consecución. Aquí es donde surge la innovación, innovar en como conseguirlo y probar diferentes alternativas para obtener dicho objetivo. Focalizar es el esfuerzo real de conseguirlo, es muy diferente reconocer que algo es prioritario a ponerle foco y esfuerzo para conseguirlo. Es en la batalla de los “Cómos” donde hay que innovar en el uso del tiempo. Tiempo innovado consiste en buscar formas de usar el tiempo diferente; más intensivo o más extensivo, con más dedicación o más relajado, con tiempos individuales y/o compartido, en fin, la focalización es la clave de la consecución de los objetivos. ¿Qué esfuerzos vamos a hacer para conseguir un objetivo?
Y, por último, hay que saber de cambiar de objetivos de tiempo. La capacidad de adaptación y acomodación de tiempos es nuestra gran capacidad de gestionar el tiempo. Saber cambiar tu dedicación de tiempo es fundamental para saber gestionarlos adecuadamente. Lo peor es no saber cambiar de tiempos cuando nos aprieta la dedicación. ¿somos capaces de cambiar los objetivos de tiempos?
Por tanto, priorizar, desechar, planificar, focalizar y cambiar son los elementos que tenemos que hacer en esas horas previas a la cena de Nochevieja o en las primeras horas de los primeros días del año. Yo confieso mi nivel de cronofobia, especialmente los días que cumplo años, pero también confieso que este ejercicio racional de pensar el tiempo en esos momentos me produce bienestar. No por muchos objetivos se consiguen más y mejor. Por eso es necesario un ejercicio pragmático a la hora de priorizar, a la de desechar, en el momento de planificar y aplicar recursos para focalizar, y al final, saber cambiar para tener más tiempo. El tiempo es nuestra mayor esencia humana, por eso siempre digo que lo verdaderamente cierto es saber en estos momentos estoy empleando bien mi tiempo vital.
